domingo, 8 de marzo de 2009

Una guerra sin fin para un domingo cualquiera (1ª parte)


Todos los domingos, en cuanto me quedo sola, tiene lugar la guerra sin fin. Y aunque siempre somos las mismas tres a pelear, cada noche es diferente y nunca sabes quién ganará la batalla.
Empiezo a notar el cambio en cuanto baja el telón, anunciando el fin de una semana de trabajo. Al desvestirme, quitándome la peluca, es como si con ella arrancaran un trozo de piel, dejando al descubierto una puerta por la escapan mis sombras. Tengo dos Sombras, es por eso que existe la guerra sin fin de los domingos, para disputar el poder de quién reinará más allá de los muros la próxima semana. Y son mis sombras tan poderosas, que casi me arrastran tras sus deseos, llevándome de un lado a otro sin tener en cuenta mis obligaciones.

Este juego dura ya desde hace tanto tiempo que, un dia, cansada de dirijirme a ellas por Sombras, les puse un nombre para distinguirlas. Así, una se llama Auliya, y la otra Rosaline. Seria fácil si ocurriera como en los cuentos, donde una de ellas fuera malvada y despiadada, y la otra en cambio resultara ser amable y bondadosa. Pero no, Auliya y Rosaline intercambian sus estados de ánimo, buscan confundirme confabulándose con acciones absurdas y ataques repentinos que ponen en peligro mi victoria semanal.



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